El lejano oeste de India: PARTE I

El lejano oeste de India: PARTE I

Rodeado por el Golfo de Kutch y el mar arábigo al sur-suroeste y limítrofe con Pakistán al norte, el distrito de Kutch en el Estado de Guyarat en India, es un destino sorprendentemente poco turístico pero que vale la pena visitar.
A pesar de encontrarse en una península en el extremo oeste del subcontinente indio, llegar hasta aquí es relativamente sencillo, teniendo en Bhuj, la capital y ciudad más grande del distrito, un aeropuerto con vuelos diarios a Mumbai, además de buses y trenes que provienen del este, sur y norte del país.
Nosotros nos tomamos un bus de 6 horas desde Ahmedabad, séptima ciudad más poblada de India y ex-capital del estado de Guyarat, para llegar al “lejano oeste”. Sentimos que viajamos al pasado, rodeándonos de callejones, mercados y personas de distintas etnias y comunidades de la zona, con sus atuendos típicos.

Lo más atractivo dentro del recorrido turístico es sin duda alguna el Rann of Kutch, un salar de entre 7.500 y 10.000 km2 (según la fuente) ubicado al norte del distrito, superado en tamaño únicamente por el Salar de Uyuni en Bolivia. Kutch (o Kach), literalmente significa “algo que intermitentemente se vuelve seco y mojado” y, es que según la época del año en la que vayas, van a encontrar el salar cubierto por una capa de 30-50 cm de agua de lluvia. Para el comienzo del invierno (no esperes temperaturas bajas, ¡La máxima puede llegar a 35°!), alrededor de octubre-noviembre se empieza a secar y hasta marzo se pueden apreciar esos kilómetros y kilómetros de blanca nada.

Se pueden hacer visitas por diferentes medios: contratando un jeep o taxi con conductor (puede llegar a salir cerca de $100 USD el día); ir en transporte público (muy poco confiable, te pasarás el día esperándolo) o la opción que elegimos nosotros, alquilar una moto y recorrer la zona a nuestra forma y tiempos. Alquilamos una Honda CB Shine SP 125cc, que costó 1.000 rupias/día ($14USD/día), que resulta caro comparado con el resto de India, pero relativamente barato viendo las otras opciones. Fue la mejor decisión que pudimos haber tomado. Nos dio una libertad e independencia que de otra forma no hubiéramos tenido.
El recorrido lo iniciamos saliendo de Bhuj rumbo norte unos 40 km hasta Nirona, un pueblo de artesanos con siglos de tradición.
La primer parada la hicimos en la casa de la familia Khatri que se dedica hace 8 generaciones (aproximadamente 300 años) al Rogan Art. Rogan en persa significa aceite, y es desde Persia de donde vino la familia y trajo sus habilidades para instalarse en este desolado pueblo.

Toman aceite de ricino, lo mezclan con minerales extraídos de rocas para hacer las pinturas y de manera artesanal y con una dedicación admirable toman telas de algodón o seda y utilizando una aguja de metal diseñan pinturas que semejan bordados complejos. El más sencillo les puede llevar 3 a 5 días mientras que los más elaborados y grandes pueden tardar hasta 6 meses. Hace unos años, Narendra Modi, primer ministro Indio, comenzó a regalar en sus visitas oficiales Rogan Art, llegando a todos los diarios indios la foto de Barak Obama con un cuadro en sus manos. Sumar Khatri realizó una demostración gratuita de cómo realizan las pinturas y luego desplegó una variedad de hermosos diseños de diferentes tamaños y colores para deleitar a un posible comprador. El hall donde nos recibió estaba decorado con todos los premios y condecoraciones que la familia acuñó durante las últimas décadas.

A unas pocas cuadras de allí en una pequeña sala sin puerta que da a la calle, el sonido que sale de allí y un cartel que dice “Copper Bells” (campanas de cobre) te invita a pasar. Nos hicieron sentar frente a un sexagenario que desde su puesto de trabajo nos mostró paso a paso cómo fabrican las campanas: a martillazos limpios y sin soldaduras, usando un sistema único de entrelazamiento de piezas. Luego, nos explicaron por medio de fotos, el proceso con el cual lo bañan en una mezcla de metales (principalmente cobre) para luego cocinarlo en el fuego y sacar la pieza terminada. Lo tallan, le hacen muescas para generar diferentes notas musicales y le atan un badajo de madera para generar el sonido.

La tercera parada fue en la casa de una familia Wada, tribu semi-nómada proveniente de Sindh (Pakistán) que se dedica hace siglos a la pintura y barniz de piezas de madera.
La dedicación de todas estas familias por mantener este tipo de arte vivo es digno de admiración y vale la pena realizar una parada en Nirona para contemplarlo.
¿Quieres saber cómo siguió esta aventura? ¡Te invitamos a que lo descubras en la segunda parte!

Escribe: @mochileroyriñonera



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