16 Sep En busca del fuego azul del Gunung Ijen
Al hablar de Indonesia lo primero que le viene a la cabeza a uno probablemente sea Bali, las islas Gili o los dragones de Komodo.
Pero Indonesia se encuentro situado sobre el llamado “Cinturón de fuego del pacífico”, un área con mucha actividad terrestre, alta densidad de volcanes y frecuentes terremotos, tsunamis y demás desastres naturales debido a encontrarse donde chocan y se rozan las placas tectónicas euroasiática e indoaustraliana.
Este archipiélago compuesto por más de 17.000 islas posee la mayor cantidad de volcanes por país del mundo, con un total de 127 que están activos. En esta nota nos concentraremos en sólo uno de ellos, el Gunung Ijen.
Se ubica en el extremo este de la isla de Java y es absolutamente único en el mundo. Nosotros cruzamos en ferry desde la isla de Bali hacia el puerto de Ketapang y luego de un rápido bus local llegamos a Banyuwangi, la ciudad más cercana. Allí nos hospedamos en un hotel con muy buena gente que nos organizó el tour para esa misma noche al volcán.
Nos pasaron a buscar cerca de la medianoche, sin saber muy bien lo que nos esperaba. Al subirnos al minibus ya estaban nuestros compañeros de recorrido esperándonos: un inglés, un noruego y una holandesa, junto a nuestro guía.
El viaje hasta la base del volcán demoró cerca de 2 horas y al llegar, luego de un café para estar 100% despiertos, el guía nos repartió una linterna y una máscara de gas para cada uno. Ahora si, equipados y ansiosos, empezamos el ascenso en la oscuridad.

El objetivo era subir los 2386 metros que tiene el volcán, pasar por las minas de sulfuro, bajar por el cráter hasta el borde del lago ácido de su interior, ver las famosas llamas azules y coronar la expedición con una vista del amanecer.
¿se volvió un cuento fantástico esto? ¿Minas de sulfuro? ¿lago ácido? ¿llamas azules? Expliquemos un poco.
El trek hasta la cima lleva alrededor de 2 horas a un paso lento por un empinado y oscuro trayecto bastante bien mantenido.
Nosotros seguimos el dicho “la vista es para quien la merece”, por eso, no apoyamos el uso de carretas tiradas por locales cual si fueran animales de carga.
A dos tercios de ascenso se encuentra un sitio de descanso con un rústico toilette, parada casi obligada durante el descenso.
Al llegar a la cima, caminamos por el borde del cráter hasta encontrar la bajada a su interior. En este momento el guía, que venía siendo simpático y relajado se puso serio y nos explicó los peligros de acercarnos a las salidas de humos volcánicos. Aceptando todos los riesgos, nos pusimos las máscaras de gas y comenzamos el descenso de 45 minutos hasta la base.

En el camino nos cruzamos con mineros cargando entre 80 y 90 kg de piedras de sulfuro sobre sus hombros. No sólo deben romper la piedra y sacarla del cráter, sino que también deben bajarla 3 km por la montaña hasta el lugar donde la pesan para cobrar su trabajo. En promedio, reciben $1000 rupias/kg, algo así como $0,07USD/kg. Realizan entre 2 y 3 viajes por noche, ganando unos miserables $10-15USD por día de trabajo. Trabajan de noche porque de día el calor es sofocante y demás está decir que luego de 10-20 años de trabajo diario bajo estas peligrosas condiciones, las dolencias respiratorias e intoxicaciones no tardan en llegar. Muchos están encontrando una mejor vida como guías turísticos.

Al acercarnos a la base, los humos se hicieron cada vez más intensos por lo que nos sentamos a cierta distancia para apreciar lo maravillosa que es la naturaleza.
Al apagar las linternas y dejar que nuestros ojos se acostumbren a la oscuridad, el humo y las cenizas, fueron apareciendo poco a poco los famosos fuegos azules. Estos fuegos son en realidad gas sulfúrico encendido, que emerge de grietas a temperaturas cercanas a los 600°C. Algunos de estos gases se condensan, convirtiéndose en líquido pero manteniéndose encendidos, creando una especie de lava azul surrealista por el contacto con el aire. La caminata se hace de noche justamente para ver estos fuegos.
Luego nos aproximamos a la orilla del Kawah Ijen, el lago más ácido del mundo, de más de 700 metros de diámetro y 200 de profundidad, con un ph en su centro de 0,13 debido a su alta concentración de ácido sulfúrico.

Salimos del cráter hasta el borde, para quitarnos las máscaras, respirar aire relativamente fresco y sentarnos a esperar al amanecer. El cielo nublado no nos permitió ver salir el sol, pero la vista al lago turquesa y los vapores enmarcándolo, hicieron que todo el esfuerzo valga la pena.
Si no está dentro de tus planes exponerte a estos riesgos durante tu próxima visita a Indonesia, te recomendamos ver la película “Ring of Fire” (1991) y el 5° capítulo de “Human Planet” de la BBC para darte una idea de este espectáculo natural único en el mundo.



