Jaffna, entre festivales y escombros

Jaffna, entre festivales y escombros

Desde su independencia del Reino Unido en 1948, Sri Lanka fue acumulando tensión entre sus dos poblaciones mayoritarias, los cingaleses budistas y sus pares del norte, los tamiles hindúes. 

Desde la concepción del país, la mayoría en población, los cingaleses, comenzaron a cambiar leyes y estatutos para hacerles la vida imposible a los tamiles, que hablaban otro idioma y terminaron por perder hasta su ciudadanía.

Luego de 3 décadas de aumento de tensión, en 1983 inició una guerra civil entre el gobierno esrilanqués y la guerrilla del norte, llamada Los Tigres Tamiles. Tuvieron que pasar varias batallas, atentados, matanzas e intervenciones por parte de terceros para que finalmente en 2009, luego de 26 años de conflicto armado ininterrumpido, se declare el fin de la guerra. El resultado: ciudades y pueblos destruidos, cientos de crímenes de guerra, más de 100.000 muertos y un país dividido, intentando recuperar su unidad.

En 2004, Jaffna sufrió un importante tsunami que redujo aún más la población de la zona.

Hoy en día, 10 años después del final de la peor guerra civil que vivió el país, se puede visitar la península y su ciudad emblema, Jaffna, con coloridos templos hindúes mezclados con edificios caídos y paredes con marcas de balazos.

Queríamos vivir una experiencia diferente en nuestra visita por Sri Lanka, abriéndonos del camino turístico típico donde los lugares para las fotos de instagram abundan, y adentrándonos en la cultura local en un área donde la mayoría de los turistas no llega.

Y no podríamos haber elegido un mejor momento, durante el Nallur Festival, el festejo religioso más importante de la región, por el que tamiles de todas partes del mundo que se escaparon de la guerra, vuelven para festejar y visitar parientes y amigos.

Empezamos nuestra visita por el histórico Fuerte de Jaffna, construidos por los portugueses y posteriormente ampliado por los holandeses e ingleses, que aunque no se puede comparar con su contraparte en Galle (al suroeste de la isla), presenta un atractivo único, con una vista al atardecer preciosa y la tranquilidad de ser los pocos en estar recorriendolo. 

Para llegar hasta allí decidimos caminar las calles de la ciudad, pasando por la Biblioteca pública, en su momento una de las más grandes de Asia con más de 97.000 libros y manuscritos hasta que fue quemada durante los comienzos de los enfrentamientos en 1981. En el 2002 se reconstruyó conservando su estilo colonial, a pesar de no poder preservarse su invaluable colección. 

A pocos metros de allí, se encuentra la Torre del Reloj de la ciudad, uno de los últimos bastiones culturales de la ciudad, erigido en 1875 para conmemorar la visita del príncipe de Gales.

Para el atardecer, visitamos el Templo Hindú Nallur Kandaswamy que nos esperaba con el festival antes mencionado, con un despliegue de color, música y miles y miles de personas sonrientes y abiertos a charlar con unos extranjeros curiosos por todo.

El festival dura 25 días llenos de rezos, procesiones y los últimos días, muestras de fe pocas veces vistas. 

Durante nuestra visita, el templo rebosaba de hombres en cuero con sus típicos sarongs blancos mientras que las mujeres vestían sus mejores y más coloridos saris. Luego de visitar el interior del maravilloso templo, nos unimos a la procesión que acompañaba a cientos de hombres cargando en sus espaldas unos tronos con figuras religiosas alrededor del santuario, hasta cumplir una vuelta completa. Los cientos de kilos que soportan en sus espaldas y hombros pasan factura, generándoles unas especies de gibas en su zona cervical. Nos tranquilizaron contándonos que en 3 o 4 meses se reduce hasta desaparecer. 

Portadores de fuego, trompetas, silbatos y tambores le dan al evento un ambiente espectacular y único.

En otra noche se puede observar hombres jóvenes y ancianos, ricos y pobres, tirando todos juntos unas sogas para mover los carruajes con sus figuras religiosas arriba. Una muestra que algunas veces, la religión une a la gente.   

Pudimos charlar con varios creyentes, que nos contaban que venían de tan lejos como Inglaterra y Canadá, para participar del festival y visitar familia. Algunos adultos jóvenes que decidieron escapar a la guerra y otros más jóvenes cuyos padres tomaron la misma decisión. 

A diferencia del Esala Perahera de Kandy, uno de los festivales más grandes del país, en el que lamentablemente se pueden ver desfiles de elefantes asiáticos disfrazados, encadenados y nerviosos, este evento no incluye animales. 

Durante el día, la ciudad continúa con su rutina habitual, o eso pensábamos, hasta que nos sorprendió a la vuelta de una esquina una procesión difícil de ver y entender.

Los más devotos creen que, tras someterse a automutilaciones los dioses los protegerán de todo dolor. Es así que recorriendo las calles del pueblo se ven a hombres colgados de ganchos de metal de la piel, balanceándose de la punta de tractores como si fueran la carnada en una caña de pescar. Nunca vimos algo tan impresionante, el poder de la fe y la devoción en su máxima expresión.

Como es nuestra costumbre, recorrimos los alrededores de la península con un scooter, llegando hasta el punto más al norte de todo el país, Point Pedro, visitamos el faro de Kankesanthurai y la tranquila zona costera, donde apacibles pesqueros descansaban y jugaban a las cartas, parando sólo para levantar la cabeza y amablemente saludarnos al pasar. Descansamos en la cercana playa de Keerimalai, donde se encuentra un antiguo templo hindú y un pozo de agua donde los jóvenes se refrescan.

De vuelta en la ciudad, paseamos por algunos mercados locales y caminamos por Beach Road, una calle cercana a la costa donde se pueden ver las casas más afectadas tanto por el tsunami como por la guerra civil, con techos caídos y balazos en las paredes.

El norte de Sri Lanka es completamente distinto a lo que puedes ver en Instagram. Además de aprender a surfear, ver plantaciones de té y disfrutar de la vida salvaje en espectaculares parques nacionales, no dejes de lado una visita a Jaffna, la capital de la cultura tamil. 

 

Escribe: @mochileroyriñonera



TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR