21 Sep La isla sur de NZ: PARTE II
Cerca de Haast, nos acercamos hasta las “Blue Pools”, que son lagunas de un azul hermoso, formadas por agua de deshielo. Acércate a la costa y prueba tu paciencia y constancia creando una más de las torres de piedra, tan tradicionales en diferentes culturas.
Ya adentrándonos en zona montañosa, bordeamos los lagos Wanaka y Hawea y llegamos a la hermosa ciudad de Wanaka. Es difícil describir lo pintoresca que es. Nuestra visita en otoño le dio el marco ideal de follaje naranja y rojo a orilla del lago con las montañas nevadas de fondo. Simplemente hermoso. Atentos, que la ciudad tiene un cine con sillones y mitades de vehículos como butacas. Es una genial opción pasar una tarde de película allí.

En viaje a Queenstown, nos desviamos hacia Arrowtown, un pueblo único, surgido a mediados del 1800 durante la época de la fiebre del oro y en el que hoy viven alrededor de 2000 personas. A sólo 20 minutos de Queenstown, es una escapada ideal para tomar un café o comer algo sobre Buckingham St. y aprender un poco más de esa época dorada que sigue vigente.

Probablemente la ciudad más icónica y viva de la Isla Sur sea Queenstown y no es para menos. Situada al borde del lago Wakatipu es una ciudad que rebosa de opciones para los más aventureros: Bungee bridge jumping, jetboats, rafting, paseos en helicóptero, mountain biking cuesta abajo del Mt. Queenstown, entre otras. Puedes subir en góndola hasta el Bob’s Peak, relajarte en los jardines de la ciudad, degustar la buena gastronomía y cervezas artesanales o vibrar con la vida nocturna que ofrece. Si vas en invierno, la principal actividad es el ski y el snowboard. Hay cañones, ríos y caminatas en los alrededores si no te quedas satisfecho. Y si eres amante del cine, en Glenorchy encontrarás varios sitios de filmación de la trilogía de El señor de los anillos.

En el rincón suroeste de la isla, se encuentra Milford Sounds. Es una serie de fiordos que caen perpendiculares al mar directamente de la cordillera, con rocas escarpadas de hasta 1200 metros de altura y cascadas imponentes entre los acantilados. La mayoría lo recorre en una excursión en barco, pero también hay caminatas interesantes y canotaje. Con suerte puedes ver focas, delfines y hasta pingüinos en estas aguas.
Cruzamos el sur de la isla y llegamos hasta Kaka Point, donde visitamos el Nugget Lighthouse, en una península con una vista impresionante de la costa. Si tienes tiempo, puedes desviarte hasta Invercargill e incluso cruzar a la poco visitada Isla Stewart.

La fiebre del oro de mediados del 1800 hizo que también Dunedin prolifere. Gracias a sus inmigrantes, la arquitectura tiene una clara influencia británica y con los años se convirtió en “la ciudad universitaria” de Nueva Zelanda. No sorprende que la vida nocturna, deportiva y las opciones culturales abunden. Con algo de tiempo, es recomendable recorrer los alrededores de la bahía, especialmente acercarse al Castillo Larnach, único en pie del país.
¡Aún queda la vuelta al norte! Descubre todo lo que necesitas saber al respecto en la última parte de esta crónica.
Escribe: @mochileroyriñonera



